Apuntes

Carpa Frente a la Gobernación

Por Tribuna Docente - 28 de Abril, 2007, 12:18, Categoría: Santa Cruz

EL PUEBLO SITIA AL GOBIERNO
La instalación de la carpa frente a la Casa de Gobierno ha cambiado la situación del conflicto social en Santa Cruz.
A partir del jueves 19 de abril, la crisis política se ha agravado. Esa mañana, el Concejo Deliberante de Río Gallegos le dio la palabra a los dirigentes de Adosac, con la participación activa de la barra docente. Los trabajadores habían ido a buscar a algunos concejales al bar de la esquina al grito de “¡A trabajar!”.
La sesión aprobó una resolución que pide el fin de la emergencia económica y la apertura de un “diálogo entre las partes”, pero pasó a comisión el reclamo por los días caídos.
A partir de las 14 horas, comenzaron a concentrarse en la ruta, a varios kilómetros de Gallegos, contingentes de docentes que salimos a recibir a la caravana que llegaba de todos los rincones de la provincia: eran unos 150 vehículos que habían realizado cortes parciales a lo largo del recorrido por la ruta 3.
Cortamos la ruta por espacio de una hora para converger en una gran caravana que recorrió la ciudad. La población y los obreros de la construcción saludaban la caravana a su paso.
Horas después, la marcha, monumental, se fijó el objetivo de llegar a Casa de Gobierno. La multitud empujó a la impresionante masa de uniformados para llegar a los jardines. Sin embargo, las órdenes eran contradictorias y la posibilidad de desbordar el cordón se disipó.
Inmediatamente se decidió instalar una carpa frente a la Casa de Gobierno. Armamos fogones, hacía un frío tremendo. La Gendarmería informó que iban a “desplazarnos” a 100 metros del lugar y que, si nos resistíamos, habría represión. Eran las 2 de la mañana y los docentes decidieron a mano alzada no moverse. Esa noche, la tensión fue tremenda. Los policías eran reemplazados cada hora porque estaban helados de frío, los docentes aguantábamos.
El gobierno vaciló. Se sumaron compañeros de otros gremios. El viernes se instaló un baño químico y la asamblea reunida en una escuela, a una cuadra, debatía entre sostener o levantar la carpa. La asamblea se interrumpió ante amenazas de que había movimientos de la Gendarmería y de los bomberos. Dos veces corrimos a defenderla y finalmente completamos la asamblea.
Casi toda la comisión directiva de la filial Río Gallegos votaba por levantar la carpa; los compañeros estaban cansados por el esfuerzo de 24 horas; muchos estaban casi sin dormir. Sin embargo se organizaron turnos y se decidió postergar la decisión para el día siguiente. El sábado, el congreso resolvió sostener la carpa con compañeros de Gallegos y del interior. El gobierno colocó un vallado de 2,50 metros de alto a lo largo de toda la cuadra y prácticamente encerró la Casa de Gobierno, que quedó bajo sitio. La situación llegó a un punto tal que desde ese día los empleados no cumplen funciones en la Casa de Gobierno ni en los edificios aledaños. Sólo se accede a Gobierno a través de la vecina Jefatura de Policía. En la Sala de Situación están los gendarmes. Detrás del vallado sigue el cordón policial.
El vallado fue una señal de que el pueblo ha conquistado la calle: el gobierno quedó encerrado en su edificio. El sábado, mientras sesionaba el congreso docente para votar las medidas de esta semana, recibimos la notificación de la conciliación obligatoria. Ya se estaba decidiendo girar el debate a asambleas de base y pasar el congreso a cuarto intermedio para el lunes, cuando llegó otra notificación firmada por un nuevo subsecretario de Trabajo, que anulaba la conciliación. Los argumentos eran triviales pero confirmaban la negativa del gobierno a entablar negociaciones. Pero, por sobre todo, dejaban al descubierto la fractura en el seno del poder: la funcionaria que firmó la conciliación fue echada inmediatamente. Los congresales estallaron en un grito de “Que se vayan todos” y se resolvió convocar para esa misma noche un cacerolazo de repudio al gobierno. Eran las 18 horas.
Apenas cuatro horas después, a las 22 horas, el cacerolazo reunió una multitud de muchos miles, que no dejó de cacerolear hasta pasadas largamente las dos de la mañana. El momento más importante fue ante la Casa del gobernador Sancho. Venían de todos los sectores sociales y de todas las edades. Mientras, en la carpa, grupos de música locales animaban lo que fue una verdadera fiesta. Definitivamente, la calle y la propia carpa ya eran del pueblo.
El domingo hubo asambleas y reuniones organizativas, se instalaron varias carpas más, se mejoró la infraestructura y se armó un recital de varias horas. Casi espontáneamente se volvió a reunir el cacerolazo: otra vez, más de 5.000 personas marchamos y volvimos a escrachar a Sancho.
El lunes empezó con un bloqueo a la Subsecretaría de Trabajo desde temprano y hasta casi las diez de la mañana. La policía acudió en cantidad pero no reprimió. Los empleados del ente manifestaron su apoyo a los docentes.
La carpa se ha transformado en el punto de encuentro de la protesta. Antes peleábamos para llegar desde otros lugares a la Casa de Gobierno. Ahora todas las acciones tienen ese lugar como el punto de partida.
En estos momentos se está desarrollando una asamblea municipal que podría votar medidas de fuerza. Ya está confirmado el paro hospitalario para el jueves y una marcha de la mesa de gremios a la Legislatura. El bloque del PJ se dividió y siete legisladores proponen un proyecto para anular la Ley de emergencia y habilitar paritarias. Es un intento de desmarcarse del derrumbe del poder y una maniobra parecida a la de la conciliación obligatoria, para desactivar la rebelión en curso, que ha pasado a tener otra consigna central “que se vayan todos”. El año 2001 revive en Santa Cruz.
El pueblo santacruceño protagoniza una rebelión popular que ha ganado el control de las calles, las plazas, las rutas y los lugares de trabajo. El gobierno ha quedado sitiado y desnudado como una camarilla hostil a las reivindicaciones populares.
Las movilizaciones reclaman “que se vayan todos”, Sancho y todos sus alcahuetes. El gobierno de la provincia tiene que pasar a manos de una asamblea constituyente, convocada por los trabajadores en lucha y las principales organizaciones populares.

Miguel Del Plá

Tribuna Docente

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